Maniobra de Hamilton

Esta entrada es seria e importante. Y no, no estoy hablando de algo que haya pasado en Fórmula 1. De hecho, voy a englobar aquí dos temas, porque tienen mucha relación (por no decir toda).

Desde hace unos años (recuerdo el flagrante caso de Shakira) parece que está de moda programar el nacimiento de nuestro bebé. Algo a lo que yo estoy totalmente en contra. Somos sus madres, sí, pero ¿tenemos derecho a decidir algo así? Es más, ¿tienen derecho ginecólogos, matronas y demás? “Mira, la semana que viene tengo un hueco”. A mí también me lo intentaron programar (para la semana 41+3) y no supe qué decir. Porque no quería, pero te sientes presionada por los médicos. Por suerte, el Principito llegó por sí solo a este mundo dos días antes de la programación.

Os recomiendo que echéis un vistazo a este artículo. Básicamente, informa de que no es lo mismo que un bebé nazca en la semana 37 que en la 42 (la que se considera máxima), ya que los bebés no han madurado lo suficiente y pueden presentar más problemas, tanto físicos como de aprendizaje. Un bebé vendrá a este mundo cuando se sienta preparado para ello. Por supuesto, si existe riesgo para el bebé o la madre, no hay más que decir: se programa y se hace el seguimiento fuera del útero.

Bien, pues en relación a lo que acabo de comentar va el título del post.

La maniobra de Hamilton es una maniobra mediante la cual, durante el tacto, la matrona o el ginecólogo, con los dedos, despega un poco la bolsa amniótica de la pared del útero. Ésto hace que el cuerpo reaccione entendiendo que esta separación indica el inicio del parto. Si la maniobra da resultado, en un máximo de 48 horas estaremos de parto.

Cada una es libre de aceptar o no la provocación o la programación del parto. El problema es cuando quien te hace el tacto no te informa de la maniobra y tú:

1. No has podido decidir si ya querías que naciera tu bebé.

2. Crees que te has puesto de parto de maneral natural, siendo totalmente engaañada.

Así pues, si el tacto os duele, más allá de las típicas molestias, frenad al facultativo y preguntad qué os está haciendo. Conozco a una chica a la que le pasó y a la que la ginecóloga la mandó callar. No os dejéis. Es vuestro cuerpo y vuestro bebé. Debéis estar informadas en todo momento de lo que se os hace. Esta chica, tras la maniobra, sintió fuertes dolores de regla (contracciones), que hasta entonces no había tenido. En su caso, afortunadamente, no fue más allá y la maniobra falló.

Recordad: Queráis o no programación o inducción del parto, se os tiene que informar en todo momento de lo que están haciendo y lo que está pasando.

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Suavinex sí, Suavinex no

No recuerdo en qué momento empecé a seguir a Suavinex en Instagram. Ni cómo llegué a su perfil. Pero el caso es que lo hice durante el embarazo y quedé enamorada de sus productos. Era todo tan cuqui

Además, uno de los primeros regalos que recibimos fueron unos chupetes y un biberón de Suavinex. Me acabé de hacer fan. Incluso me compré el aceite para masaje perineal —que, al final, prácticamente no usé ni me hubiera hecho falta—.

Suavinex era lo más. Y yo quería serles fiel. Así que, al comprar productos, no dudaba y cogía esta marca. Y sí. Estamos muy contentos con los chupetes, con el esterilizador —aunque ahora el enchufe hace mal contacto—, con el sacaleches, con el detergente para biberones, con el termo… Menos con los biberones.

Tengo que decir que el problema no es el biberón en sí, que también son todos muy cuquis. El problema es la combinación biberón-tetina anatómica de látex. La base de la tetina es más ancha que la rosca del biberón y, aunque desde Suavinex me dijeron que esto no era problema, sí lo está siendo. Uno de los biberones del Principito es de cristal, así que hay menor maleabilidad. Si no abríamos rápidamente el biberón tras la toma, la leche que había quedado en la tetina se secaba y era imposible abrirlo. Desde Suavinex me dijeron que debía cambiar ya las tetinas, que ya estarían muy usadas. Pero lo cierto es que es algo que nos pasa desde el principio. Con el biberón de plástico, en cambio, no tenemos este problema, ya que podemos aplastarlo un poco y hacer que gire con más facilidad.

Pero nosotros preferimos los biberones de cristal —para calentarlos en el microondas y porque parece que duran más—, así que estaba a punto de tirar la toalla con esta marca, porque el Principito no quería las tetinas de silicona, que sí que encajan. Pero entonces encontramos las tetinas 1-2-3 —de Suavinex también— de látex y parece que estas sí que las tolera. Espero que con el tiempo, y ya que tienen la misma forma, utilice las de silicona, que son más fáciles de encontrar. Además, estas tetinas 1-2-3 sirven para todo aquello que tome en el biberón —leche materna, leche de fórmula, leche con cereales, agua…— y, para el mes que viene que introduciremos los cereales, nos va a venir muy bien usar la misma tetina para todo.

Y vosotras, ¿habéis probado los productos de Suavinex? ¿Qué otros biberones y tetinas utilizáis?

Me duele Barcelona

Aunque vivo en un pueblo a las afueras de Barcelona, soy barcelonesa de nacimiento. Igual que mis padres. Igual que mi hermana. Además, trabajo en el centro de Barcelona.

Por eso, y después de lo que pasó ayer, Barcelona me duele. Ayer mi ciudad sufrió un atentado terrorista que dejó 13 muertos y unos 100 heridos (en estos momentos, algunos graves). Nos dieron en Las Ramblas, en lo que más nos duele. Nos dieron en la libertad.

Porque si algo hay en Las Ramblas es libertad. Allí no hay dirección. Subes. Bajas. Giras a la derecha. Giras a la izquierda. Te lo piensas mejor y no quieres llegar hasta abajo (o hasta arriba) y das la vuelta y deshaces el camino. Turistas se mezclan con vecinos del barrio de toda la vida. Rubios. Morenas. Blancas. Negros. Moros y cristianos. En Las Ramblas no hay religión, ni país de procedencia. Todos somos lo mismo. Gente feliz que pasea o vende flores.

Enseguida empecé a recibir mensajes de gente preguntándome qué tal estaba, si todo estaba bien. Y sí. Estaba bien. Estaba viva. Estoy de vacaciones y no estaba por la zona. Pero entonces me vi llorando constantemente. Con cada imagen, con cada nueva noticia. Y entonces me di cuenta.

No. No estoy bien. Me duele Barcelona. Barcelona forma parte de mí. Ha estado siempre ahí. Cuando he estado bien, me ha cedido sus calles para pasarlo bien. Cuando he estado bien, me ha dejado evadirme contemplando su belleza. Barcelona nunca me ha fallado.

Así que ahora no voy a fallarle yo. Voy a seguir yendo. Voy a seguir paseando por Las Ramblas, entre flores de colores, esquivando turistas, bajo la sombra de sus árboles. Subiré hasta Plaça Catalunya. Bajaré hasta Colón. Entraré por la calle Hospital y saldré por la calle Santa Anna. Brindaré a la salud de Barcelona en la Plaça Reial.

Barcelona es poderosa. Barcelona tiene poder.

Y, por favor, no generalicemos. Aunque son más de los que nos gustarían, estos terroristas son una minoría frente al resto de la comunidad musulmana. Suficiente tienen ya ellos viendo la reacción de sus compatriotas como para que nosotros los señalemos con el dedo.

Del pecho al biberón

¡Aquí está la entrada que os prometí hace dos semanas!

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva (LME) hasta los 6 meses. Muy bien, estoy completamente de acuerdo. Pero no tenemos bajas laborales de 6 meses. Así que darle el pecho a nuestro bebé cada 3 horas cuando ya estamos trabajando es imposible. Así que, sea leche materna o leche de fórmula, tenemos que introducir el biberón.

En nuestro caso, pasamos directamente a la leche de fórmula. A pesar de tener la hora de permiso al día por lactancia, hubiera estado obligada a sacarme leche en el trabajo, y me era del todo inviable. Además, finalmente dimos con mi problema, y se llama Síndrome de Raynaud —os hablaré de ello más adelante—.

El Principito tomó biberón, y leche de fórmula, desde que nació. Debido a la famosa ictericia, tuvo que estar unos días en neonatos y allí, al no poder estar yo siempre ni haber tenido aún la subida de leche, le dieron algún biberón. Después, en casa, tomó biberón —con leche materna— algunos días para que mis pechos descansaran y mejoraran de tanto dolor. De hecho, aquí estuve a punto de abandonar la lactancia materna, pero algo dentro mío me empujó a seguir intentándolo —el cuerpo es sabio y nos manda señales de cuándo sí y cuándo no—.

Así que, tras estas experiencias, pensé que el paso definitivo al biberón sería inmediato y sencillo. Pero no fue así. Debido a un empacho —por seguir las indicaciones de la lata de leche de fórmula— que nos llevó al hospital, nos costó sangre, sudor y lágrimas que volviera a confiar en aquello que no era el pecho de mamá. A los dos. Y al Rey, a las familias y a la enfermera del Principito.

Probamos varios biberones —incluido el famoso Calma de Medela—, varias tetinas, varios horarios, varias manos, con leche materna y leche de fórmula. Nada. Vimos a la pediatra. Y a la enfermera. Ambas coincidían en que, cuando yo trabajara —menos mal que lo había intentado introducir unas semanas antes—, el Principito tendría que tomar un biberón al menos. El día que vimos a la enfermera, me presenté allí con todos los modelos de biberones y tetinas que teníamos. Llevé incluso una cuchara de papillas y una jeringuilla por si esos podían ser los únicos modos de hacerle tomar leche. La enfermera llamó a otra. Me inspeccionaron los pezones en busca de la tetina más parecida.

El truco de la enfermera era muñir la tetina —y decirme que insistiera, que lo acabaría cogiendo—. Y así hicimos con un par de tomas. Él lloraba y lloraba, y entre sollozos yo le tiraba un chorro de leche que tragaba sin darse cuenta. Pero no se los terminaba, por supuesto. Yo enseguida le ofrecía el pecho. ¡No podía dejarlo sin comer! Hasta que la madre del Rey me dijo “Si no quiere biberón, no le des pecho. Cuando tenga hambre, cogerá el biberón“.

Yo no sé si fue el hambre —estuvo casi un día sin comer— o la insistencia de la madre del Rey, pero finalmente el Principito aceptó el biberón. Se dice rápido, y se lee rápido, pero fue un mal rato que duró casi dos semanas.

Cuando la madre del Rey me enseñó el biberón vacío, me eché a llorar.

De alegría porque por fin lo habíamos conseguido.

De dolor porque ya nunca más le volvería a dar el pecho.

Testando: Original Remedies by Garnier

Esta semana la entrada llega un poquito tarde, y es que he tenido unos días de vacaciones —llamémoslo finde largo— y he perdido un poco la noción del tiempo. ¡Que nunca está de más!

Dejamos para la semana que viene la entrada con la transición pecho-biberón, porque hoy os quiero hablar de algo que no tiene nada que ver con la maternidad, la lactancia ni nada de lo que os he hablado hasta ahora.

Gracias a GarnierTrnd estoy probando el champú y la mascarilla Original Remedies con aceite de coco y manteca de cacao. ¡Y son una maravilla! Empezando por el olor, que es sencillamente delicioso. Destaca el olor a coco, pero como pasa con los mejores líquidos del mundo, más tarde llega el olor a cacao. El resultado es un olor dulce que nos hace dejar un buenísimo rastro por donde pasamos.

Mi selección entre la gran variedad de Original Remedies fue porque es específico para, tal y como dice, cabello rebelde, difícil de alisar. Mi pelo es rizado, o algo por el estilo de pequeña tenía tirabuzones como la mala de Candy Candy, pero me gusta alisármelo ya que luego es más fácil de peinar o de hacer una coleta rápida. Así que ¿qué mejor que un producto que me ayudara a alisármelo? Confieso que sólo me he alisado el pelo una vez desde que estoy probando el champú y la mascarilla, pero es que con este calor es imposible siquiera intentarlo. Aún así, la parte que correspondería al flequillo sí que me la aliso cada día para no tener ondas como si me hubiera teletransportado a los años 20, y sí, he podido comprobar que este champú y esta mascarilla ayudan.

El efecto Alisa y nutre. Controla el encrespamiento como indica el envase se puede notar desde el primer momento, ya que, con sólo aplicarlo, podemos notar nuestro pelo más sedoso.

Están creados con extractos naturales y no contienen parabenos very important! ni silicona.

Si os gusta alisaros el pelo, de verdad os los recomiendo. Eso sí, si sois de pelo graso quizás tendréis que buscar alguna otra variedad de Original Remedies, ya que la combinación de aceite y manteca es muy potente.

Consulta: ¿Cuánto tiempo de cada pecho?

Una de las primeras consultas que me llegaron fue la que leéis en el título. La pregunta no fue exactamente ésa, pero he querido ponerlo así para deciros que nada de lo que dice la pregunta es válido. Habréis buscado por internet y habréis encontrado de todo. Que si hay que dar de los dos pechos en cada toma, que si hay que empezar por el que se terminó, que si hay que vaciar el pecho. Pues no. No es así.

Si os habéis sacado leche alguna vez, habréis visto que primero sale una leche más transparente y luego pasa a ser más espesa. Ésto se debe a que, la primera leche que toma el bebé en la toma valga la redundancia, está principalmente formada por agua, para saciar su sed. Después pasa a ser una leche más espesa, la que lleva el alimento en sí. Si le damos de los dos pechos en una toma, nos podemos encontrar con que el bebé toma demasiada leche aguada y poca leche con fundamento. Creeremos que ya ha tomado suficiente de uno y pasaremos a darle del otro. Por esto, debemos dar sólo un pecho por toma.

Por otro lado, no hay un tiempo estipulado por toma. De hecho, no hay que esperar a que se vacíe el pecho porque, simplemente, ésto no va a pasar. Claro que al principio tendremos más leche y luego parecerá que se acabe, pero el bebé, con la succión, estimula el pecho y hace que pueda salir leche continuamente. Sí que es cierto que, con el tiempo, veréis que vuestro bebé tarda más o menos lo mismo siempre en cada toma, pero no hay que sacarlo llegado al tiempo medio, por decirlo de alguna manera. El bebé, cuando haya quedado saciado, se soltará solo del pecho, incluso aunque se haya dormido.

Es muy importante que sepáis que el pecho, para el bebé, no es sólo su fuente de alimento, sino que también le sirve para relajarse, buscar el calor de mamá o dormirse. Y podréis ver al final de la toma cómo utiliza el pecho para estas funciones porque notaréis que la succión es más superficial.

La semana que viene os explicaré cómo hicimos el paso del pecho al biberón del Principito, ya que, en buena parte, tiene relación con este tema de las otras funciones del pecho.

#Trucahorro: los empapadores

Hoy os traigo el primer #trucahorrdel blog. Se trata del uso de empapadores en el cambiador del bebé. Seguramente muchas ya lo hagáis —porque lo visteis en su día en mi Instagram o porque es algo que en realidad se nos puede ocurrir a cualquiera—.

Aunque el cambiador sea impermeable, yo recomiendo utilizar un empapador encima, ya que podemos sufrir una fuga importante y es mejor absorberla rápidamente y que nuestro bebé no se ponga perdido.

En el hospital veréis que, para cambiar al bebé, os ofrecen un empapador. El del hospital es de una medida ideal para luego usar en casa en el cambiador de casa pero, al menos para mí, no son tan fáciles de encontrar. Así que opté por comprar losprotectores de cama para adulto de Mercadona. Pero, ¡oh!, son demasiado grandes. La opción rápida es ponerlo tal cual, claro, pero el empapador sobresale por todos lados en el cambiador y es más bien incómodo e innecesario. También podemos doblarlos por la mitad, pero es un desperdicio de empapador.

¿Lo mejor? ¡Cortarlos por la mitad! Así, de un paquete de 20 unidades, sacaremos 40, con su consecuente ahorro. El paquete ronda los 9.30€ (0.47€ la unidad), de manera que la unidad nos quedaría a 0.23€. Al cortarlo por la mitad, el empapador queda abierto de un lado y puede ir perdiendo trozos del algodón del interior, si el bebé se mueve mucho o se coge a este lateral. En casa dejamos el lado abierto tocando a la pared, ya que así lo tocamos y rozamos menos y dura más —¡a menos que haya una fuga cortesía de nuestro bebé!—.

Si pasáis por Mercadona, veréis que tenéis empapadores (cambiadores) infantiles de la marca Libero. Vienen en un paquete de 6 unidades que sale a 1.95€ (0.33€ la unidad) y, aunque es más mono porque tiene dibujos, no absorbe como los otros. Y, si optáis por cortar los de Mercadona, os saldrán más rentables.